Keywords
endometriosis, emerging biomarkers, multi-omics approach, proteomics,
metabolomics, nucleic acids.
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INTRODUCCIÓN
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que se caracteriza por dolor pélvico de
larga data, acompañado de otras manifestaciones como dismenorrea e infertilidad. Afecta
fundamentalmente a mujeres en edad reproductiva y se dice que su prevalencia a nivel mundial
en este grupo demográfico es de alrededor del 10 %, reconociendo que existe una gran parte de
la población femenina que no cuenta, a la fecha, con un diagnóstico adecuado. Se estima que
esta patología es responsable por cerca del 50 % de las mujeres con infertilidad y de casi tres
cuartos de aquellas que presentan dolor pélvico y dismenorrea prolongados (Lamceva et al.,
2023; Scarella-Chamy et al., 2023).
El diagnóstico de la endometriosis rara vez es oportuno, pues se realiza luego de haber
descartado otras múltiples causas de dolor abdominal, pudiendo tomar incluso años en ser
detectada. Si bien se ha provisto de recursos para el estudio de esta enfermedad tan poco
comprendida, el machismo todavía imperante en algunos sectores de la comunidad científica ha
destinado los mismos a la investigación del impacto de la misma en el atractivo físico de las
pacientes y en las repercusiones que tiene en la satisfacción sexual de las parejas masculinas,
lo cual, francamente, es inaceptable (Hämmerli et al., 2018; Law et al., 2025; Vercellini et al.,
2013).
No cabe dudas de que el impacto que tiene la endometriosis sobre la calidad de vida y la salud
en general de millones de mujeres en edad fértil alrededor del mundo es bastante relevante, por
lo que urge la investigación e implementación de estrategias que permitan la realización oportuna
de un diagnóstico que lleve al subsecuente tratamiento de la enfermedad. Si bien parte de la
comunidad científica mantiene posturas en las cuales prima el machismo y la falta de empatía,
no todo está perdido; en los últimos años se ha abordado el estudio de métodos no invasivos a
través de la determinación de biomarcadores en fluidos corporales y sobre estas destrezas
emergentes se decidió realizar la presente investigación.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión de la literatura médica actualizada con la finalidad de caracterizar los
biomarcadores y métodos no invasivos emergentes para el diagnóstico de la endometriosis,
patología bastante común en la práctica médica . En la misma se resumieron los aspectos
teóricos y prácticos más relevantes relacionados.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Fueron consultadas 37 bibliografías en los idiomas español, inglés y portugués; correspondientes
a bases de datos de conocimiento como PubMed, Elsevier, Springer, Oxford Academy, Frontiers,
Wiley Library, Google Scholar y otras. Para dicho fin se emplearon descriptores de búsqueda
como “ endometriosis”, “ biomarkers”, “non invasive diagnosis ” y “emerging methods ” dando
prioridad a trabajos que fueron publicados en los últimos 5 años.
Endometriosis: de la fisiopatología al diagnóstico convencional
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica de índole ginecológica que se define
por la presencia tanto de glándulas como de estroma de tejido endometrial en localizaciones
anormales, es decir, fuera de la cavidad uterina. Las localizaciones donde más frecuentemente
es encontrado este tejido ectópico son la cavidad abdominal, adherido a órganos como el
peritoneo, los ovarios, los ligamentos uterinos, la región recto vaginal y, en algun os casos más
raros, los pulmones. De acuerdo con la literatur a el diagnóstico puede tomar hasta 10 años en
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ser realizado y se cree que es responsable por cerca del 50 % de las causas de dolor pélvico
crónico e infertilidad (Griffiths et al., 2024).
De acuerdo con su ubicación esta puede ser clasificada en adenomiosis, endometrioma,
endometriosis de infiltración profunda, superficial y otros subtipos que pueden acontecer de
manera aislada o simultánea. El quiste ovárico o endometrioma ovárico es una de las
modalidades más frecuentemente diagnosticadas debido a que suele generar un cuadro clínico
más florido, si bien inespecífico. Independientemente de la forma de presentación, la enfermedad
presenta un curso progresivo y genera una enorme carga física y emocional en las pacientes
afectadas (Bonavina & Taylor, 2022; Wang et al., 2022).
Si bien todavía se desconocen muchos aspectos teóricos en relación con la endometriosis, se
plantea que la fisiopatología de esta es multifactorial, siendo la etiología más aceptada hasta el
momento la de la menstruación retrógrada propuesta por Sampson. E sta indica que, durante la
fase menstrual del ciclo femenino, cierta cantidad de flujo puede llegar a la cavidad peritoneal
mediante las trompas de Falopio, lo cual generará una posible implantación de células
estromales viables, sobre todo en las capas se rosas de los órganos pelvianos, que podrá
proliferar como un tejido endometrial ectópico debido al flujo hormonal continuo y cíclico (Lopes
et al., 2022).
Aunque es un fundamento bastante coherente, la teoría de Sampson no es capaz de explicar
todos los casos de endometriosis hasta el momento documentados, por lo que la comunidad
médica y científica plantea otras hipótesis que pudieran funcionar como mecanismos de
producción complementarios. Algunos autores plantean alteraciones inmunológicas como la
disfunción de los factores locales y sistémicos, con disminución de la actividad citotóxica de las
células Natural Killer (NK), un aumento de los fagocitos activ ados y de las citocinas
proinflamatorias. Otra propuesta interesante es la de la resistencia a la progesterona y el exceso
estrogénico local, ya que las células ectópicas presentan alteraciones de sus receptores
hormonales, con una sobre exposición a la actividad de la aromatasa y resistencia a los efectos
antiinflamatorios de la progesterona (Adilbayeva & Kunz, 2024; Ellis et al., 2022; Klemmt &
Starzinski-Powitz, 2018).
Paralelamente, los disturbios en cuanto a los fenómenos de angiogénesis y neurogénesis
también son mencionados en la literatura como factores contribuyentes para el desarrollo de la
enfermedad. Esto debido a que la implantación del tejido endometrial en si tios ectópicos
favorecerá la formación de nuevos vasos sanguíneos y fibras nerviosas que permitan su
subsistencia, lo cual genera inflamación local y, por ende, dolor crónico. Finalmente, se
mencionan en la literatura médica los procesos relacionados con l a epigenética y la
predisposición heredada para el desarrollo de la patología, ya que se conoce que existen
polimorfismos en genes que se relacionan con las respuestas proinflamatorias, el metabolismo
de las hormonas y la reparación tisular que pudieran cr ear ambientes más favorables para la
implantación de las células estromales. Finalmente, hay que entender que todos los mecanismos
mencionados con anterioridad van a crear un microambiente fértil para la supervivencia y
crecimiento de estas glándulas ectópicas (Adilbayeva & Kunz, 2024; Klemmt & Starzinski-Powitz,
2018; Lamceva et al., 2023).
Como se ha venido mencionando con anterioridad, la endometriosis impacta negativamente en
la calidad de vida de muchas mujeres, pues sus estragos van más allá del simple dolor pélvico o
la infertilidad. Al ser una enfermedad sistémica y biopsicosocial presenta implicaciones en esferas
de la vida como la sexualidad, la productividad, la actividad laboral y la salud mental. No es una
novedad que la presencia de cualquier tipo de dolor crónico con relativa frecuencia se asocie a
diagnósticos como ansiedad, dep resión y trastornos del sueño, puesto que muchas pacientes
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experimentan sentimientos de incomprensión, falta de empatía y frustración debido a
diagnósticos demorados y tratamientos ineficaces (Delanerolle et al., 2021; Kupec et al., 2025;
Shen et al., 2025; Xu et al., 2025).
En cuanto a costos económicos, la carga financiera de la endometriosis es bastante grande de
paciente a paciente. Si bien el diagnóstico suele demorar años e implica la realización de
múltiples exámenes de imagen y sangre, tratamientos inefectivos para el dolor y la dismenorrea,
citas médicas con especialistas en el área de ginecología y otros servicios de salud, también es
vinculada a otras patologías crónicas como el síndrome del intestino irritable, la migraña y
algunas enfermedades autoinmunes, por lo q ue estos costos ascienden considerablemente
(Delanerolle et al., 2021; Kupec et al., 2025; Shen et al., 2025; Xu et al., 2025).
Ante una paciente con cuadro compatible con endometriosis, la ruta diagnóstica suele ser
bastante larga, puesto que primero se recurre al descarte de otras patologías.
Convencionalmente, se debe combinar la evaluación de la clínica con los métodos de image n y
la confirmación histológica mediante la realización de biopsias del tejido glandular ectópico.
Desde el punto de vista propedéutico, se debe tener una historia de dolor pélvico crónico y cíclico
acompañado de dismenorrea, en ocasiones dispareunia e inf ertilidad con un examen
ginecológico sin hallazgos significativos (Becker et al., 2022; Nisenblat et al., 2016).
La ecografía transvaginal suele ser el primer acercamiento imagenológico que se tiene hacia la
endometriosis, al ser un examen altamente subjetivo puede tener una buena sensibilidad en
manos de un experto, sin embargo, no siempre es el caso, especialmente cuando se trata de
localizaciones profundas. La resonancia magnética nuclear (RMN) de la cavidad pélvica podría
emplearse como complemento cuando existe una alta sospecha diagnóstica, sobre todo para
cuestiones logísticas en cuanto a la planificación quirú rgica y la localización de las lesiones
(Becker et al., 2022; Nisenblat et al., 2016).
Finalmente, el Gold estándar en el diagnóstico de la endometriosis es la laparoscopía
diagnóstica, pues se basa en la apertura de la cavidad abdominal y pélvica para la inspección
directa y la correspondiente realización de biopsias a las lesiones encontradas. No obstante, esta
intervención quirúrgica es un método altamente invasivo y muchas pacientes no se someten al
mismo por miedo a las posibles complicaciones y porque, además, cuando se plantea la opción
quirúrgica no siempre existe un diagnóstico segur o. Es así que las guías más actuales
recomiendan evitar la laparoscopía cuando esta es meramente con fines diagnósticos,
reservándola para casos con indicación terapéutica (Becker et al., 2022; Nisenblat et al., 2016).
Si hablamos netamente del tratamiento de la endometriosis, el enfoque en el 100 % de los casos
es quirúrgico con coadyuvancia farmacológica. Si bien la terapéutica va a depender de factores
como la edad, los síntomas, la severidad y el deseo reproductivo de la paciente, entre otros, que
permitirán la individualización de esta, lo más aceptado en normal general es la realización de
laparoscopía conservadora con la exéresis del tejido glandular atópico, mientras que la
laparotomía, con enfoque más invasivo, se reserva para casos donde la enfermedad está en
estados más avanzados o existe compromiso de órganos profundos (Becker et al., 2022; Lee
et al., 2025, 2025).
En cuanto al tratamiento farmacológico, se plantea el beneficio de la terapia hormonal con
análogos de la hormona estimulante de las gonadotropinas (GnRH), progestágenos y
anticonceptivos orales combinados (AOC). La finalidad de esto es lograr la supresión de la
actividad hormonal a nivel del ovario y reducir el crecimiento y la proliferación del tejido glandular
ectópico. Para el tratamiento del dolor se sugiere la utilización de los antiinflamatorios no
esteroideos (AINEs), aunque en un número significati vo de pacientes han demostrado no ser
muy eficaces si se utilizan en monoterapia (Becker et al., 2022; Lee et al., 2025, 2025).
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Con todo lo abordado anteriormente, el panorama para las mujeres que padecen endometriosis
es bastante sombrío y doloroso, pues no bastando con la demora “normalizada” hasta la llegada
de un diagnóstico certero, pareciera que las alternativas de resolución de la enfermedad y el
impacto que todo este proceso tendrá en la salud física, mental y reproductiva de la paciente
tarde o temprano pasarán factura. No obstante, la ciencia avanza y con ella se vislumbra un ápice
de esperanza. La investigación actual ha demostrado un gran interés en el desarrollo de métodos
no invasivos para el diagnóstico de la endometriosis. Estos son basados en la medición de
biomarcadores, estudios multi-ómicos y en la integración de la inteligencia artificial para predecir
tanto el r iesgo como la respuesta terapéutica. Por lo que se exploran caminos en cuanto a la
modulación de la inflamación y la proliferación de tejido nervioso y vascular en las lesiones para
la mejora del dolor y la prevención de recurrencias (Chen et al., 2025; Griffiths et al., 2024; Liu
et al., 2025).
Biomarcadores emergentes
Dada la etiopatogénesis de la endometriosis en sí misma, la cual se basa en la implantación de
tejido endometrial acompañado de procesos inflamatorios crónicos, alteración de la
angiogénesis, disturbios inmunitarios y alteración de la homeostasis local, se entiende que todos
estos fenómenos dejarán la denominada huella molecular en el organismo afectado. De esta
forma, en distintos compartimentos anatómicos comenzará a acumularse una serie de
marcadores como las citoquinas, las proteínas modificadas, sustan cias predictoras de perfiles
metabólicos e incluso micropartículas de ácido ribonucleico (microARN) que podrían ser
detectables en fluidos corporales convencionales como sangre y/o orina. Nuevamente la ciencia
demuestra que al entender estos mecanismos bio químicos y hormonales se puede dirigir una
búsqueda bastante específica de reactivos que, cuando se integran en modelos de predicción
multi-ómicos guiados por algoritmos, presentan una mayor especificidad que al investigar
marcadores aislados (Bae et al., 2022; Pant et al., 2023).
El antígeno de cáncer 125 (CA-125) fue el primer marcador sérico ampliamente estudiado en el
contexto de la endometriosis, este tiene un valor ampliamente reconocido cuando se habla de
enfermedad ovárica y peritoneal extensa. Sin embargo, su sensibilidad y especificidad no lo
hacen un predictor adecuado en cuanto a cribado de patologías de este tipo en poblaciones
extensas ni tampoco en estadios leves de estas. Por tanto, su utilidad queda relegada para casos
muy sugestivos y específicos que cumplan ciertos criterios clínicos e imagenológicos. La
literatura reciente se centra en el estudio de paneles proteicos que están formados por
combinaciones de moléculas inflamatorias, especialmente interleucinas 6 y 8, marcadores de la
angiogénesis, como el factor de c recimiento endotelial vascular y proteínas matrices, como las
metaloproteinasas. Estos nuevos paneles múltiples corresponden a estudios proteómicos de alto
rendimiento que han evidenciado un mejor y más específico diagnóstico cuando se usan en
modelos integrados. Si bien requieren de replicación multicéntrica, los resultados obtenidos hasta
el momento son bastante prometedores (Schoeman et al., 2025; Tian et al., 2020).
Pasando a la parte de la genómica, los microARN, tanto los que se encuentran circulantes en el
líquido plasmático como aquellos que se hallan en vesículas extracelulares, dígase exosomas,
han emergido como fuertes candidatos para formar parte del panel dia gnóstico de la
endometriosis. Esto se debe a su relativamente alta estabilidad en los fluidos y a que reflejan
bastante bien la regulación epigenética que experimenta el tejido endometrial ectópico. Estudios
de impacto como revisiones sistemáticas y metaan álisis muestran que estas moléculas
presentan una relación sensibilidad/ especificidad bastante buena, siendo preferidos los
microARN exosomales a los circulantes. No obstante, la metodología heterogénea que prima en
la mayor parte de estudios en cuanto a la preparación de las muestras, las plataformas
empleadas para la secuenciación de genes mediante la reacción en cadena de la polimerasa en
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tiempo real (qPCR) y otras cuestiones, limita hasta cierto punto la estandarización de protocolos
y resultados para la comparación entre estudios, lo que lleva a la necesidad de fortalecer el
desarrollo de dichas investigaciones (Nazri et al., 2023; Vanhie et al., 2024).
Continuando con este tema, el ácido desoxirribonucleico libre circulante (cfADN) ya es un
biomarcador ampliamente estudiado debido a los fenómenos epigenéticos que tienen gran
interés en el campo de la oncología. Este se encuentra bajo evaluación actual para ser
implementado como parte del panel de biomarcadores de la endometriosis. A lgunos estudios
piloto han evidenciado que el cfADN muestra un gran potencial para la diferenciación de tejidos
endometriales ectópicos debido a los perfiles de metilación y fr agmentación de dicha molécula.
Sin embargo, aún no se cuenta con datos suficientes sobre esta prometedora técnica, siendo los
resultados obtenidos ampliamente heterogéneos. A pesar de ello, se cree que la investigación
del cfADN pudiera ser de gran valor i ncluso en la detección precoz de la endometriosis leve, si
es que se consigue un mejoramiento oportuno de las técnicas y la realización de proyectos
encaminados a la estandarización de las mismas (Alonso et al., 2022; Benkhalifa et al., 2025).
Pasando al plano de la metabolómica, es necesario aclarar que esta se basa en el estudio de los
metabolitos mediante técnicas como la espectrometría de masas, la cromatografía de gases
acoplada y otras técnicas ultra específicas. En el marco de la endometr iosis, esta permite
detectar modificaciones en aquellas moléculas ampliamente ligadas a la inflamación, el estrés
oxidativo y las alteraciones genéticas que forman parte de la fisiopatología de la enfermedad. Es
así como actualmente el objetivo de estudio son las modificaciones de lípidos, aminoácidos y
nucleótidos que pueden ser encontrados en distintos fluidos corporales.
Algunas revisiones sistemáticas de la literatura hacen referencia a candidatos diferenciadores
tanto en el plasma como en el líquido peritoneal. Sin embargo, como en los apartados anteriores,
los estudios son limitados por la heterogeneidad de metodologías que no permite una adecuada
comparación entre ellos. Cabe recalcar que, de acuerdo con muchos autores, los resultados en
la medición de dichos metabolitos pueden estar influenciada por la fase del ciclo menstrual, la
alimentación rutinaria y la existencia o no de tratamientos hormonales, lo cual puede generar una
amplia variabilidad de resultados. No obstante, la idea de un enfoque multi -ómico donde el
estudio de metabolitos se integre con el de las proteínas y los ácidos nucleicos parece ser la
alternativa más específica y acertada (Adamyan et al., 2024; Bae et al., 2022; Schoeman et al.,
2025).
Continuando con el tema, los exosomas y micro vesículas que se encuentran en el espacio
extracelular son encargadas del transporte de proteínas, microARN y moléculas lipídicas en su
mayoría que pudieran reflejar el estado actual del endometrio implantado e ctópicamente. Al
encontrarse estos biomarcadores “protegidos” en un medio ideal debido a las membranas de las
vesículas, son candidatos bastante llamativos para el diagnóstico no invasivo de la patología en
cuestión. Algunos estudios evidencian paneles de microARN y proteínas medidas en dichas
vesículas a partir de plasma y líquido peritoneal, presentando una excelente diferenciación entre
casos y controles. Aunque la estandarización de los métodos de aislamiento como la ultra
centrifugación todavía esté pendiente para estos casos, no cabe duda de que los resultados son
prometedores (Chu et al., 2024; Scheck et al., 2022).
En cuanto a los marcadores inmunológicos e inflamatorios, estos son reconocidos por ser
moléculas que se relacionan con la presencia de los fenómenos proinflamatorios. Las más
citadas en la literatura son las interleucinas, quimiocinas, fracciones del complemento y el factor
de necrosis tumoral. Si bien han sido encontradas con elevaciones en pacientes con
endometriosis en algunos estudios aislados, su especificidad no es muy alta, pues no son
específicas y pueden verse aumentadas de la misma manera en otras patologías que cursan con
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inflamación crónica. Pese a lo anterior, la utilidad de estos biomarcadores no se descarta en el
contexto de un panel multi-ómico puesto que su integración con otros parámetros podría facilitar
la orientación hacia el diagnóstico de manera más exacta (Pant et al., 2023).
Retomando el papel de la imagen en el diagnóstico de la endometriosis, la ecografía por vía
transvaginal sigue siento un punto clave en el algoritmo clásico, así como la RMN pélvica lo es
para la planificación quirúrgica. Si bien estas técnicas presentan p oca sensibilidad para la
endometriosis superficial peritoneal, actualmente se plantea el uso de otros métodos como la
elastografía, que evalúa cuantitativamente la rigidez de los tejidos, y la agregación de nuevos
parámetros como la difusión y las secuencias T2 a la RMN para solventar este vacío. La mayoría
de los autores coincide en que esto incrementa significativamente la certeza diagnóstica,
especialmente cuando se combina con las técnicas más convencionales como la ecografía para
un abordaje integral, pudiendo complementar así los biomarcadores e integrarse a los
emergentes flujogramas no invasivos (Brunelli et al., 2023; Griffiths et al., 2024).
Desafíos actuales y perspectivas futuras
Como ya fue mencionado, el conjunto de evidencia emergente indica que el mejor abordaje para
los métodos diagnósticos emergentes de la endometriosis es la integración de estos en un
enfoque combinado multi-ómico que además sea susceptible de aplicar modelos de inteligencia
artificial de tipo machine learning para el reconocimiento de patrones y la creación de algoritmos
rápidos y precisos. Algunos de estos mencionados en la literatura son el Random Forest, el SVM
y otras redes neuronales digitales, que incr ementan significativamente la exactitud diagnóstica
cuando son comparados con biomarcadores aislados. Esos paneles ya han sido utilizados en
otros enfoques como las ciencias forenses, demostrando que la clave para conseguir su
implementación es la posibili dad de estandarizarlos y de que sean reproductibles en distintos
escenarios, cuestiones sobre las cuales se continúa investigando a la fecha (Bendifallah et al.,
2022; Schoeman et al., 2025).
En cuanto a los desafíos que los investigadores enfrentan para la estandarización de
biomarcadores se encuentran las inminentes fluctuaciones que estos pueden experimentar en
función de la etapa del ciclo menstrual en la que se encuentre la paciente, ya que los mecanismos
de regulación hormonal varían significativamente. A esto hay que agregar otras variables que
pueden actuar como intervinientes en el resultado, tales como el uso de medicación
anticonceptiva y/o estimulante hormonal, aquellas ligadas al estilo de vida y otras. Por otra parte,
los métodos de procesamiento, que pueden ser tan diversos como el tipo de tubo escogido para
la colecta de muestras, la centrifugación empleada, el tiempo de congelación y los métodos para
extraer las vesículas extracelulares, pudieran tener un rol en la interpretación de los resultados.
Por tanto, la misión actual recae en la estandarización de estos protocolos y en la aplicación de
modelos de corrección en función de dichas variables (Tian et al., 2020; Vanhie et al., 2024).
Finalmente, aunque ningún biomarcador ha reunido la suficiente evidencia para sustituir la
laparoscopía diagnóstica frente a casos de posible endometriosis, los enfoques multi-ómicos en
estudios de cohorte y algunos pilotos muestran resultados prometedores. Por tanto, los objetivos
más acertados para los investigadores en este momento son la habilitación y estandarización de
pruebas que decanten a las pacientes que deben recibir estudios de imagen avanzado y/o
abordaje quirúrgico, el desarrollo de paneles q ue identifiquen endometriomas en cualquier
localización con una mayor especificidad y la determinación de biomarcadores útiles para el
seguimiento terapéutico. Una vez alcanzados estos pasos en la creación de nuevos algoritmos
diagnósticos, se podrá valorar la intervención y reproductibilidad de los mismos en poblaciones
diversas así como el costo-efectividad de dichas estrategias (Arsalan et al., 2025; Dolińska et al.,
2023).
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CONCLUSIONES
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que genera un gran impacto negativo
en la salud física y mental de millones de mujeres en todo el mundo. Los abordajes diagnósticos
y terapéuticos convencionales son demorados e invasivos por lo que u rge a la comunidad
científica la búsqueda de alternativas que permitan instaurar una terapéutica certera y oportuna.
Los biomarcadores emergentes como los nucleótidos, proteínas y metabolitos que se encuentran
tanto en el plasma como en vesículas extracelu lares parecen una opción prometedora si se
integran como parte de un enfoque multi -ómico en algoritmos conjuntos que permitan el ajuste
de acuerdo con variables relacionadas a la historia personal de cada paciente. La combinación
de estos con las nuevas técnicas de imagen y la incorporación de modelos de inteligencia artificial
para la detección de patrones parece ser el camino. Sin embargo, se necesita un mayor número
de estudios que permitan una estandarización y reproductibilidad de dichas alternativas e n
diversas poblaciones para lograr su validación e implementación en un futuro.
Declaración de conflictos de intereses
Los autores de la presente investigación declaramos no tener ningún conflicto de interés con
instituciones y/o organizaciones para la realización de esta.
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