Conclusion
Endometriosis affects fertility by proven
mechanisms but some others not yet elucidated may
be acting as well. Recent advances should be taken
into account in order to offer patients the best possible
treatment.
KEY WORDS
Cystectomy; Endometriosis; Endometrioma;
Infertility; In Vitro Fertilization; Laparoscopy
INTRODUCCIÓN
La endometriosis se define como la presencia de
glándulas endometriales y estroma por fuera de la
cavidad endometrial y de la musculatura uterina. Estos
implantes ectópicos de endometrio suelen estar en la
pelvis, pero pueden ocurrir casi en cualquier parte del
cuerpo. La endometriosis puede estar asociada con
muchos síntomas molestos y debilitantes, tales como
dolor pélvico, dismenorrea grave y dispareunia, o
ser asintomática; esta última forma se descubre por
laparoscopia o cirugía exploratoria (1).
La primera mención del término endometriosis la
hizo en 1885 el patólogo alemán Friedrich Daniel von
Recklinghausen. La primera descripción patológica
se le debe al anatomopatólogo Karl Freiherr von
Rokitansky. Y en 1921, John Albertson Sampson (1873-
1943), médico norteamericano, comenzó una serie de
publicaciones sobre la enfermedad.
METODOLOGÍA
Se hizo una búsqueda en PubMed, Hinari y Cochrane
con los términos Infertilidad, Endometriosis,
Endometrioma, Laparoscopia y Cistectomía . Se
seleccionaron investigaciones originales, artículos de
revisión y meta-análisis, en inglés, francés y español,
publicados entre enero de 2000 y diciembre de 2010. Se
eligieron los que evaluaban la fisiopatología, etiología,
diagnóstico y tratamiento de la endometriosis en
relación con la infertilidad.
PREVALENCIA Y EPIDEMIOLOGÍA
Se calcula que la endometriosis es responsable
hasta del 15% de los casos de infertilidad femenina,
se encuentra aproximadamente en el 12% a 32% de
las mujeres en edad reproductiva a las que se les
hace laparoscopia para determinar la causa del
dolor pélvico, en el 50% de las mujeres sometidas
a laparoscopia por infertilidad y en el 50% de las
adolescentes llevadas a este procedimiento para la
evaluación de dolor pélvico crónico o dismenorrea
(2). Como resultado del uso de la laparoscopia,
se ha planteado que la endometriosis se produce
principalmente entre los 25 y 35 años (3). Es infrecuente
en mujeres premenárquicas y en las posmenopáusicas
que no están tomando hormonas (4).
PATOGENIA
Chan y colaboradores en 2004 aportaron la primera
evidencia de que existen células madre endometriales
(CME) y células progenitoras endoteliales (CPE),
mediante clonación de células epiteliales y estromales
del endometrio humano. Se identificó el marcador
ABCG2 como específico de las CME; se lo encuentra
tanto en la capa basal como en la funcional del
endometrio, lo cual sugiere que ambas capas pueden
tener el potencial de dar lugar a tejido endometrial
y, además, generar su propia vasculatura. Un modelo
hipotético propone que CME se desprenden durante
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33
la menstruación, se implantan retrógradamente sobre
la superficie de sitios ectópicos como el peritoneo y
generan, gracias a las CPE, implantes endometriósicos
autosuficientes. De la misma forma, las CPE y CME
se pueden liberar a la circulación periférica y al
sistema linfático explicando así la presencia exótica
de endometriosis en sitios remotos (5).
Se han encontrado deleciones de 10 kb del gen KLRC2
en el cromosoma 12 de células de endometriomas, al
compararlas con células de endometrio normal (este
gen es miembro de la familia de receptores de las células
NK y está implicado en el proceso de presentación
de antígenos). Esto apoya la hipótesis de que los
endometriomas se pueden derivar de metaplasia de
tejido endometriósico transportado retrógradamente
(6). Al comparar células endometriósicas con
células endometriales normales se encontró que los
niveles del mARN y de la proteína del receptor 2 del
estrógeno (ESR-2, por la sigla en inglés de estrogen
receptor-2) eran más altos y los del receptor 1 (ESR-
1) de estrógeno, del receptor total de la progesterona
(PGR) y del receptor B de la progesterona (PGR-B)
eran más bajos. Esto debido a que la secuencia
bisulfito de la región del promotor CpG (−197/+359)
del gen ESR-2 demuestra una metilación más alta
en células endometriales primarias que en células
endometriósicas (7). Se ha encontrado aumento en
el mARN que traduce la proteína del activador del
plasminógeno tipo uroquinasa (uPA) y de la matriz
de metaloproteinasa-3 (MMP-3) en tejido endometrial
de mujeres con endometriosis, lo cual puede facilitar
el acceso del tejido endometrial al peritoneo y a la
superficie ovárica, así como la invasión de la matriz
extracelular, lo que lleva a la formación de lesiones
endometriósicas (8). La osteoprotegerina en el líquido
peritoneal de pacientes con endometriosis inhibe la
función del factor de necrosis tumoral relacionado
con la apoptosis; de esta manera pudiera favorecer la
ausencia de acción citotóxica de las células NK sobre
el endometrio autólogo.
Probablemente los factores genéticos influyen en la
susceptibilidad a presentar la endometriosis (9). Si
una mujer la sufre, una parienta en primer grado
tiene un 7% de probabilidad de desarrollarla en
comparación con el 1% de personas sin relación de
parentesco; también se ha observado la concordancia
en gemelas (10). Investigaciones posteriores han
relacionado la presencia del alelo HLA-B7 con la
susceptibilidad a padecer endometriosis; dicho alelo
es responsable de inhibir la actividad citotóxica de
los linfocitos T asesinos naturales (NK) lo que sugiere
que el crecimiento del tejido ectópico endometrial
se encuentra bajo control genético. La inmunidad
celular deficiente puede resultar en una incapacidad
para reconocer la presencia de tejido endometrial
en lugares anormales, disminuyendo su acción
citotóxica sobre el endometrio autólogo (11). Existe
una mayor concentración de leucocitos y macrófagos
en la cavidad peritoneal y en el endometrio ectópico
(12) en comparación con mujeres sin endometriosis.
Estas células secretan citocinas (interleucinas 1, 6
y 8; factor de necrosis tumoral [FNT]) y factores de
crecimiento en el líquido peritoneal de mujeres con
endometriosis. Una hipótesis plantea que la secreción
de citocinas por las células inflamatorias en la cavidad
peritoneal conduce a la proliferación de los implantes,
reforzada además por la contracción de capilares
(probablemente por el factor de crecimiento vascular
endotelial) y la quimiotaxis de los leucocitos a estos
focos de inflamación peritoneal (13). El estrés oxidativo
puede ser otro componente de la reacción inflamatoria.
El sistema inmune puede desempeñar un papel
determinante del alcance y de las manifestaciones
clínicas de la enfermedad (14). Estas mujeres tienen
tasas más altas de enfermedades inflamatorias
autoinmunes: hipotiroidismo, fibromialgia, síndrome
de fatiga crónica, alergias y asma (15).
La teoría de las células madre endometriales (CME) se
suma a las teorías clásicas para explicar la patogénesis
de la endometriosis: teoría de la implantación o
trasplante de la enfermedad endometriósica, de la
extensión directa (Cullen), de las metástasis linfáticas
y vasculares (Halban), de la metaplasia celómica y de
los restos embrionarios (16).
Los sitios más comunes de la endometriosis, en orden
decreciente de frecuencia, son los siguientes: ovarios,
fondos de saco anterior y posterior, ligamentos anchos,
ligamentos útero-sacros, útero, trompas de Falopio,
colon sigmoide, apéndice y ligamentos redondos (17).
Con menor frecuencia se encuentra la endometriosis
en otros sitios: vagina, cuello uterino, tabique recto-
vaginal, ciego, íleon, canales inguinales, cicatrices
abdominales o perineales, vejiga, uréteres y ombligo
(18). Raramente se ha informado la endometriosis en
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la mama, páncreas, hígado, vesícula biliar, riñones,
uretra, extremidades, vértebras, otros huesos, nervios
periféricos, pulmón, diafragma y sistema nervioso
central (19). El aspecto y el tamaño de los implantes
son muy variables: desde parches blanquecinos
opacos o de coloración amarillo-marrón o ampollas
transparentes o de color rojizo o rojo-azul hasta la
simple rugosidad de la superficie peritoneal.
La endometriosis del ovario (52% de los casos)
puede presentarse como implantes superficiales
o como masas pélvicas compuestas quísticas y
sólidas (endometriomas) que contienen sangre,
líquidos y desechos menstruales. En la cápsula del
quiste puede haber alteraciones epiteliales como
hiperplasia compleja o atipias cuya importancia
clínica no se ha definido (20). Los endometriomas
(quistes de Sampson) son muy activos. Su contenido
típicamente es negro con aspecto de chocolate o
petróleo espeso y se asemeja a un hematometra
porque histológicamente muestra el endometrio
típico de la cavidad uterina, con los mismos cambios
vasculares de necrosis y sangrado al momento de la
menstruación.
Se ha encontrado una asociación fuerte entre
dispareunia y lesiones del fondo de saco posterior,
así como una correlación entre el estadio de la
endometriosis y la intensidad de la dismenorrea.
CLASIFICACIÓN
Se han desarrollado varios sistemas para la
estadificación de la endometriosis, basados en la
localización anatómica y la gravedad. El sistema
más utilizado lo presentó la Sociedad Americana de
Medicina Reproductiva (ASRM) en 1979 y lo revisó
en 1996. Este sistema asigna puntos con base en el
tamaño, la profundidad y ubicación de los implantes
de endometriosis y las adherencias asociadas. Se
enfocó en las mujeres con infertilidad con el fin de
ayudar a predecir el éxito en el logro del embarazo
después de tratar la endometriosis (21). Es útil porque
proporciona un enfoque estándar para la presentación
de fallas en la fertilidad, pero no se correlaciona
bien con los síntomas del paciente. Parece existir
una correlación negativa entre la endometriosis y la
fertilidad, especialmente en los estadios avanzados
(22). Usualmente la endometriosis se clasifica como
mínima, leve, moderada o grave. La enfermedad
mínima se caracteriza por implantes aislados sin
adherencias. La forma leve consiste en implantes
superficiales menores de cinco cm en total, repartidos
en el peritoneo y los ovarios, sin adherencias de
importancia. En la enfermedad moderada hay
múltiples implantes, tanto superficiales como
profundos, al igual que adherencias peritubáricas
y periováricas. La enfermedad grave s e caracteriza
por múltiples implantes superficiales y profundos,
con afectación de los ovarios, adherencias firmes y
densas, así como endometriomas.
CUADRO CLÍNICO
Las manifestaciones clínicas de la endometriosis se
agrupan en tres categorías generales: dolor pélvico,
infertilidad y masa pélvica. El dolor es el síntoma más
común: aproximadamente tres cuartas partes de las
pacientes sintomáticas experimentan dolor pélvico o
dismenorrea; el dolor pélvico puede ser crónico pero
a menudo es más intenso durante la menstruación
o la ovulación. La gama de otros síntomas incluye
dispareunia, subfertilidad y síntomas vesicales. Por
otra parte, muchas mujeres con endometriosis son
completamente asintomáticas (23).
Las decisiones de tratamiento se deben individualizar
teniendo en cuenta la intensidad de los síntomas, la
extensión y localización de la enfermedad, si existe
deseo de embarazo, la edad, los efectos secundarios
de la medicación, las tasas de complicaciones
quirúrgicas y los costos (24).
ENDOMETRIOSIS COMO CAUSA DE INFERTILIDAD
La endometriosis es responsable del 10% de los
casos de infertilidad. Los trastornos de la ovulación,
la obstrucción de las trompas y las anormalidades
del semen (las más importantes de ellas:
azoospermia, oligozoospermia, teratozoospermia y
astenozoospermia) dan cuenta de aproximadamente
el 75%; en el 15% restante la causa, hasta ahora, es
desconocida (25). La endometriosis leve o moderada
está relacionada con subfertilidad con tasas de
embarazo del 17,7% a nueve meses. La endometriosis
es un factor neto de subfertilidad, aún más claro en
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35
los estadios III y IV . En series de casos se ha informado
una tasa de fecundidad de un 3% después de 12 meses
en casos de endometriosis en estadio IV (26).
FISIOPATOLOGÍA
El mecanismo de alteración de la fertilidad en la
endometriosis puede implicar distorsión anatómica
de la pelvis, adherencias, endometriomas o
producción de sustancias (prostaglandinas, citocinas,
factores de crecimiento) hostiles a la función
ovárica normal, la ovulación, la fertilización y la
implantación. Los mecanismos realmente válidos
son la obstrucción tubárica, las adherencias pélvicas
y los endometriomas ováricos que distorsionan las
relaciones anatómicas y limitan el acceso de los
ovocitos y los espermatozoides y alteran la movilidad
de las fimbrias principalmente en los estadios III y
IV (27). Fenómenos como anovulación, disfunción
endocrina, síndrome de folículo luteinizado no
roto, fase lútea inadecuada, disfunción autoinmune,
alteración de la calidad del óvulo y afectación
del esperma son mecanismos teóricos, aún no
comprobados, para explicar la infertilidad en la
endometriosis en estadios I y II (28). Sin embargo,
los dos mecanismos más probables para explicar la
infertilidad en estos estadios son la foliculogénesis
deteriorada con la maduración del ovocito afectada
en la fase folicular tardía y el efecto antiespermático.
La endometriosis en estadio I o II puede ser el único
hallazgo anormal detectado durante la evaluación de
la infertilidad, pero no hay evidencia de alta calidad
para demostrar que en su etapa temprana sea la causa
de la infertilidad en estas pacientes. Se propone como
hipótesis que la endometriosis mínima o leve está
asociada con la sobreproducción de prostaglandinas,
metaloproteinasas, citocinas y quimiocinas lo que
lleva a un proceso inflamatorio peritoneal que afecta
al ovario, la función de las trompas y el endometrio
y procesos como la foliculogénesis, la fertilización o
la implantación (29). Además, un trayecto mulleriano
con un ambiente defectuoso podría afectar el
funcionamiento normal del endometrio perjudicando
la implantación (30). También puede estar implicada
la resistencia a la progesterona por reducción, en el
endometrio, de la concentración de receptores de sus
coactivadores (por ejemplo: HIC-5) (31).
Hay buena evidencia de que la endometriosis moderada
o grave causa infertilidad. En un estudio de monos con
endometriosis inducida experimentalmente, la tasa
de embarazo fue alrededor del 40% en los controles
normales, el 12% en los animales con endometriosis
avanzada y nula en los que tenían adherencias a los
ovarios (32). Las adherencias pélvicas graves en la
endometriosis avanzada pueden contribuir de varias
maneras a la reducción de la fertilidad: 1) influyendo
negativamente la liberación de los ovocitos, 2)
bloqueando la entrada de los espermatozoides en
las trompas, 3) inhibiendo la función de las fimbrias
tubáricas de recolectar los óvulos; otros mecanismos
podrían ser: foliculogénesis anormal, potencial
reducido de fertilización de los ovocitos y aumento
de la apoptosis en las células de la granulosa (33).
La reducción de las tasas de embarazo en las mujeres
con endometriosis avanzada también puede ser
debida al agotamiento prematuro del pool de
folículos ováricos (34)..En el trabajo inicial del equipo
de Brístol se concluyó que existían menos ovocitos
maduros en las pacientes con endometriosis llevadas
a fertilización in vitro sin estimulación (35).
Modificaciones menores de la retroalimentación sobre
las gonadotropinas podrían ser otra causa de infertilidad
en estas pacientes. Sin embargo, estos hallazgos han
sido cuestionados por algunos autores (36).
El impacto negativo sobre la implantación continúa
siendo materia de debate porque no se ha comprobado
en pacientes con endometriosis el aumento de
abortos espontáneos y de comorbilidades obstétricas
asociadas (37).
BÚSQUEDA DE ENDOMETRIOSIS EN LA INFERTILIDAD
Varios estudios sobre infertilidad inexplicada en
pacientes sin argumentos clínicos para diagnosticar
endometriosis y a quienes se les hizo laparoscopia
refuerzan el concepto de la inutilidad de este
procedimiento como herramienta de primera línea
para la detección de endometriosis (38). Parece
necesaria la búsqueda de endometriosis en pacientes
infértiles pero el uso de la laparoscopia como
procedimiento de primera línea está indicado en
circunstancias específicas: cuando el diagnóstico de
endometriosis es obvio (endometriomas detectados
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36
en el ultrasonido, nódulo rectovaginal) y cuando hay
argumentos clínicos o paraclínicos: dismenorrea,
dispareunia, tacto vaginal anormal, antígeno
carcinoembrionario 125 superior a 25 UI y sospecha
de adherencias en el ultrasonido.
TRATAMIENTO DE PRIMERA LÍNEA DE LA
INFERTILIDAD POR ENDOMETRIOSIS
En la figura 1 se propone un algoritmo para el
tratamiento de la infertilidad por endometriosis. En
un principio, es importante identificar y tratar todas
las causas reversibles de infertilidad en la pareja.
Los ensayos clínicos aleatorios concluyen que
fármacos como el danazol o agonistas de la hormona
liberadora de gonadotropinas (GnRH, por la sigla en
inglés de gonadotropin releasing hormone) para la
supresión de la endometriosis no mejoran la fertilidad
o las tasas de embarazo (39,40). En quienes se hayan
descartado otras causas de infertilidad, el tratamiento
no difiere de los casos en que se considera que la
causa es inexplicable: tres o cuatro ciclos de citrato de
clomifeno e inseminación intrauterina; este esquema
terapéutico se aplica también para la endometriosis
en los estadios I y II (41). Los ensayos aleatorios
muestran que la inducción de la ovulación y la
inseminación intrauterina se deben usar juntas y que
esta terapia combinada mejora la tasa de fecundidad
en mujeres con endometriosis en fase temprana (42).
Si el embarazo no se produce después de clomifeno
e inseminación intrauterina (IIU), se plantean tres
escenarios; a) proceder a la laparoscopia para tratar
de hacer un diagnóstico definitivo de endometriosis
e iniciar un tratamiento quirúrgico; b) proceder a
las inyecciones de gonadotropina más IIU; c) hacer
fertilización in vitro (FIV). Influyen en esta decisión
la edad de la mujer y otros factores observados
durante la evaluación de la infertilidad (ejemplo:
el factor masculino). Para las mujeres menores de
35 años, un enfoque razonable es la laparoscopia
con resección de la endometriosis, seguida por un
período prolongado de intento de concepción (hasta
de doce meses) antes de recurrir a la inducción de la
ovulación más IIU (42). Para las mujeres mayores de
35 años, se pueden hacer inducción de la ovulación e
IIU inmediatamente después de la cirugía. La premura
en hacer esta intervención es para garantizar que en
caso de ser necesaria la FIV , el tratamiento se inicie
antes de que disminuya el pool de folículos ováricos.
El metanálisis de Adamson (39) demostró la
superioridad del tratamiento quirúrgico sobre
el tratamiento médico en todos los tipos de
endometriosis. Este metanálisis de 1994 ha aportado
por más de una década conclusiones válidas en este
sentido.
En lo que respecta a la endometriosis mínima y leve,
el estudio de Jacobson demuestra la superioridad de
la cirugía (42). Guzick, en otro estudio multicéntrico,
logró el 33% de embarazos pero, al parecer, el
beneficio atribuible a la cirugía fue solo el 13% (30,7%
de pacientes embarazadas en el grupo tratado frente
al 17,7% de embarazos en el grupo no tratado) (43).
Para la enfermedad moderada a grave (III-IV), no
se cuenta con estudios aleatorizados controlados
que permitan una conclusión adecuada (44). Sin
embargo, en la serie de Adamson se informó el 35%
de embarazos después de la cirugía y el 3% sin ella,
y Guzick, utilizando la clasificación de endometriosis
de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva,
encontró tasas de embarazo del 33,3% y 29,5% en las
etapas III y IV respectivamente (43). Sin embargo, hay
muchos informes con tasas de éxito que van desde el
20% al 80%. La mayoría de estos no distinguen entre
endometriosis profunda y superficial lo cual hace
imposible obtener conclusiones.
La cirugía consiste en la resección de los
endometriomas ováricos y los implantes peritoneales,
así como la resección de las adherencias en la pelvis
para restaurar la anatomía y la función. Incluso si la FIV
es la última instancia, la escisión de la endometriosis
profunda infiltrante en la laparoscopia puede mejorar
las tasas de embarazo con la FIV (45).
Clomifeno más IIU
La mayoría de los ensayos clínicos que evalúan el
uso de clomifeno más IIU se han centrado en las
mujeres con endometriosis en etapa temprana (46).
Los beneficios de estos tratamientos probablemente
también se extienden a las mujeres con enfermedad
avanzada si las trompas son permeables y las
adherencias se han resecado quirúrgicamente. Al
parecer las tasas de embarazo por ciclo disminuyen
significativamente después de tres o cuatro ciclos de
clomifeno más IIU. Por lo tanto, después de estos se
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37
debe pasar a las inyecciones de gonadotropina más
IIU (47,48). El principal inconveniente de este enfoque
es el aumento de la tasa de gestaciones múltiples,
con un 20% de gemelos. La tasa de embarazo por
ciclo disminuye significativamente después de tres o
cuatro ciclos de gonadotropina. Por lo tanto, después
de estos se debe hablar con la pareja acerca de las
ventajas de proceder a la fertilización in vitro.
Los resultados con la FIV son tan buenos en las
mujeres con endometriosis leve a moderada como
en las que sufren enfermedad tubárica de otro origen.
En el pasado, los resultados con endometriosis grave
habían sido malos, pero la experiencia más reciente
indica buenas tasas de embarazo (quizás como
reflejo de los avances técnicos). La mayoría de los
autores comunican una tasa de embarazos similar a
la del grupo control (pacientes con factor tubárico o
infértiles de causa desconocida) independientemente
del grado de la endometriosis aunque otros señalan
un menor índice de gestaciones especialmente en los
estadios III y IV de la enfermedad. En las pacientes
que han tenido múltiples tratamientos quirúrgicos
para resección de endometriosis ovárica, la reserva
ovárica se puede ver afectada por la escisión repetida
de tejido ovárico sano, lo que las pone en riesgo
de ser clasificadas como bajas respondedoras a los
protocolos de estimulación ovárica controlada (49).
La FIV es el procedimiento con la tasa más alta
de embarazo por ciclo para el tratamiento de la
infertilidad en general. Las series observacionales han
Figura 1. Tratamiento de la infertilidad por endometriosis
Laparoscopia*
Estadios I-II
Menores de 35 años
Mayores de 35 años
o
Manejo expectante
seis a doce meses
Clomifeno +
IIU tres ciclos
Gonadotrofinas + IIU
Fertilización in vitro
Estadios III-IV
Fertilización in vitro
Resección completa
Clomifeno + IIU
Gonadotrofinas + IIU
Fertilización
in vitro
* Laparoscopia si existe argumento clínico o ecográfico en favor de la endometriosis IIU: Inseminación intrauterina
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38
informado que los procedimientos de FIV en mujeres
con endometriosis muestran tasas de embarazo de
aproximadamente 30% (50). No se ha encontrado que
la FIV sea menos eficaz en mujeres con endometriosis
que en otras sin ella (51).
Existen factores que influyen en el resultado de la cirugía
de la endometriosis: la edad, la duración de la infertilidad,
la calidad de la reserva ovárica, las enfermedades uterinas
asociadas, el factor masculino, el tipo de adherencias y la
gravedad de la afectación tubárica (52).
Tratamiento de segunda línea después del fracaso
de la cirugía
Se ha demostrado la futilidad del tratamiento
postoperatorio con progestágenos, danazol o los
agonistas de la GnRH dado que, además de ser más
costosos, se retrasa la obtención del embarazo y se
presentan con frecuencia efectos secundarios (39).
En los casos de endometriosis tratados por
laparoscopia, la probabilidad de embarazo se calcula
en el rango de 30% a 35% en ausencia de cualquier
otro tratamiento; el 80% de estos se producen en el
primer año y el 60% en los primeros seis meses (45).
Solo hay dos publicaciones en la literatura sobre
estudios de la reintervención comparada con la FIV
y concluyeron la superioridad de esta última, aunque
la tasa de éxito después de una nueva operación
no es despreciable (20%) (53). Fedele comparó los
resultados en la fertilidad después de la primera o
la segunda intervención; encontró después de la
primera cirugía una tasa de embarazo natural del
23,8% en comparación con solo el 12,5% después de
la reintervención; las tasas de embarazo con la FIV
fueron del 22,2% después de la cirugía inicial y 23%
después de la reintervención (54).
Después de la primera cirugía satisfactoria en
una paciente sin ningún otro factor para tratar se
recomienda un período de espera de seis a 12 meses
en función de la edad de la paciente. Este plazo podrá
reducirse en las mujeres con otro factor de infertilidad
(trastornos de la ovulación, incompatibilidad
moco-semen, subfertilidad masculina) dado que
la probabilidad de embarazo natural despu és de la
cirugía es baja. El uso de gonadotropina menopáusica
humana/hormona folículo estimulante (HMG/ FSH)
o de clomifeno + HMG/FSH es una opción efectiva
aunque menos que cuando se asocia con la IIU.
En todos los casos en que existen factores de mal
pronóstico (edad, adherencias), se acepta el uso
directo de la FIV .
Se han observado tasas reducidas de ovulación en los
ovarios con endometriomas adyacentes ipsilaterales
comparadas con las de los ovarios contralaterales
sin dichas lesiones (22% frente a 50%) (55). Continúa
siendo polémico si la resección de un endometrioma
asintomático mejora la fertilidad. Una preocupación
importante es que la resección de los endometriomas
resulta en la pérdida de pequeños folículos adyacentes
a la pared del quiste; esto lleva a reducir los ovocitos,
lo que puede afectar la fertilidad (56). Esta posibilidad
ha sido apoyada por varios estudios que compararon
el ovario operado con el contralateral durante la
hiperestimulación de la FIV y se observó que el
ovario operado produjo menos folículos dominantes,
ovocitos y embriones de alta calidad que el ovario
intacto (57). Incluso, en una serie de casos tres de
126 pacientes (edad media: 30,4 años), desarrollaron
insuficiencia ovárica inmediatamente después de la
extirpación de los endometriomas ováricos bilaterales
(58). Sin embargo, en un metanálisis de cinco estudios
en los que se comparó la cirugía con no hacer ningún
tratamiento en mujeres con endometriomas no
se encontró diferencia significativa en las tasas de
embarazo (59).
Para confirmar el diagnóstico histológico, mejorar
el acceso a los folículos y posiblemente mejorar
la respuesta ovárica, se recomienda la cistectomía
laparoscópica para las lesiones de cuatro cm o más
de diámetro (60). En presencia de endometrioma se
requieren dosis más altas de gonadotropinas y una
estimulación más larga lo que lleva a una reducción
ovocitaria pero no impacta el resultado de la FIV
en términos de embarazo (61). Después de estos
procedimientos la función ovárica puede quedar
afectada por una lesión del tejido ovárico por la
electrocoagulación, por trauma de los vasos ováricos
(particularmente en el hilio), por la inflamación
local debida a una reacción autoinmune o por la
eliminación excesiva de tejido ovárico normal.
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